RACISMO: ¿UNA “MALA PALABRA” ?

Realmente resulta difícil entender por qué amar a la propia raza y trabajar en pos de su progreso constituye un delito, en algunos casos, digno de encarcelamiento. No se entiende por qué se nos trata como delincuentes peligrosos, cuando los verdaderos delincuentes, aquellos que roban, asesinan, violan, gozan de la más vergonzosa impunidad. Tampoco se entiende por qué es tan reprochable nuestra postura de respeto por las tradiciones y los valores culturales de nuestros antepasados europeos.

Resulta bastante evidente que lo que se busca, en realidad, es que los blancos se avergüencen de su condición de tales y obligarlos a adoptar el discurso políticamente correcto de que “todos somos iguales”, aunque sea más que obvio que esto no es así. Las diferencias entre las razas existen, se quiera o no, ya sean diferencias positivas o negativas, es un hecho científico que cada raza cuenta con particularidades que es necesario reconocer y respetar. Todas las razas merecen respeto, simplemente creemos que la mezcla de las mismas es perjudicial, ya sea que se trate de la raza blanca, negra o amarilla.

Lamentablemente, y paradójicamente, es una práctica corriente en la sociedad actual que cualquier opinión contraria a la de la masa, la cual ha sido convenientemente adoctrinada durante varias décadas para aceptar los hechos que se le presentan sin cuestionar nada, sea inmediatamente descalificada y defenestrada, y no sólo respecto al tema racismo, sino también sobre cualquier otra temática (“desaparecidos”, militares, Tercer Reich, fascismo, entre otros temas “prohibidos”)  respecto del cual ya haya una versión “oficial” de la cual esté mal visto desviarse. Es decir, la libertad de expresión existe…pero sólo para aquellos que repiten como loros las mentiras inculcadas. Nos preguntamos entonces dónde está la verdadera libre expresión y la democracia, dos conceptos sobre los que la gente adora llenarse la boca hablando. Se intenta neutralizar cualquier intento de pensamiento crítico que pueda tener una persona mediante el bombardeo constante de información oficialmente aceptada.

Asimismo, es común que en los medios de comunicación se retrate a los “racistas” como individuos sin cerebro, primitivos, de pobre educación y bajos recursos (lo que en los Estados Unidos se denomina despectivamente “White Trash”). Obviamente, este no es más que otro intento por ridiculizar las opiniones diferentes, lo que constituye una práctica que poco tiene de democrática y tolerante.

En fin, es más que probable que tengamos que seguir lidiando con esta situación, con las críticas infundadas e ignorantes de gente que nunca se planteó en su mente la posibilidad de que los hechos y la historia no sean exactamente como se las vienen “vendiendo” desde poco más de 60 años. Como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Por Ivana

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